Todos los años, cada 1 de agosto, miles, incluso se puede hablar de millones de personas comienzan una tal vez larga caminata hacia Cartago. Muchos van por motivos religiosos y de fe. Otros no. Pero el punto de que yo esté escribiendo esto no es la razón que lleva a estas personas hasta aquella ciudad, sino su comportamiento durante la romería. Sentada frente Recope, por Tres Ríos, en un improvisado centro de acopio que montó el Comité Ambiental Universitario, pude ver a la gente caminar, casi llegando a su destino. Me encontré de todo. En serio de todo. Desde gente conocida, hasta gente que ni siquiera era de este país tratando de que “la virgencita” le concediera un milagro. Más o menos vi lo siguiente: gente haciendo ejercicio, escuchando música, rezando u orando (aunque no se cual es la diferencia), cantando, viendo muchachas o muchachos, y por último un pequeño gran grupo que podía dividirse en muchos otros que éramos nosotros, los que estábamos trabajando. Estaban los vendedores de rosarios, los que repartían agua, los que recogían plata, y los que nos metíamos en las alcantarillas a rescatar una botella que iba a terminar en el mar. A mí me motivaba el ambiente, no la plata, puesto que era voluntaria y no buzo, aunque pareciera.
Ahí me di cuenta (o pude confirmar) la ignorancia de la población costarricense (o una muestra de ella). La tarde empezó mal, no habíamos pasado ni una hora recogiendo la basura que la gente iba dejando tirada en lo que ellos consideran basureros que para mi es un matorral, cuando ya un señor en son de burla decía: “Se están robando la basura”. ¿Desde cuando la basura se puede robar? ¿A quién le pertenece entonces para el próximo año pedirle permiso al dueño para tomarla? Me pareció un comentario estúpido. En ese momento no sólo el calor del sol iba calentando mi humor. Traté de tomarlo con tolerancia, pues 5 metros después una monja nos bendijo y nos agradeció lo que estábamos haciendo. Hay monjas buenas! La tarde fue terminando, y los romeros aumentaban, al igual que la basura. Hubo unos 2 basureros en los que las bolsas plásticas que contenían agua llegaban a mi estatura. Los chiquitos se devolvían al puesto de AyA a pedir más bolsas para tirarse entre sí. Señores, señoras, chiquitos, jóvenes, todos ellos participaron en decorar con basura las áreas verdes a la par de la carretera, y lo peor de todo era que habían basureros a pocos metros de distancia, y un centro de acopio a la par. Hace falta conciencia, cultura, conocimiento. Todavía peor de cómo quedó la carretera fueron las respuestas de los romeros ante los regaños que les hacíamos, mostraban una falta de respeto hacia el ambiente y hacia nosotros que no podía creer. “Payaso” dijo un señor, después de colaborar con el caos ambiental y ser sermoneado por un compañero. Hace falta conciencia, sí. ¿Pero cómo educar a los miles o millones que caminan? Ellos van por la Virgen, ella fue la madre de Jesús, Jesús el hijo de Dios, y Dios creó el mundo que poco a poco vamos destruyendo. ¡Y todavía van para que les den un milagro! Para mí es un ejemplo de hipocresía. Yo no soy religiosa, tampoco católica. Creo en un Dios y creo en el mundo. Pero las cosas no se arreglan solas, así a como no se destruyen solas. La negrita no va a salir a limpiarles las calles ni devolver a los ríos el agua que desperdiciaron en el fondo de un basurero por la cuesta de Ochomogo. El próximo año, cuando usted salga nuevamente hacia Cartago, el único día del año en que todas las panaderías siguen abiertas a las 10 de la noche y la pizzería de la esquina tiene las mesas llenas, ese primero de agosto, en el que la Basílica está a reventar y en la aceras de la provincia hay tiendas de campaña y al día siguiente las filas de los buses se aproximan a los 400 metros, ese día, acuérdese de esto, y bote la basura en el basurero. ¿No le da risa? Eso se lo decían cuando estaba en primer grado, y lo olvidó. Ahora que tienen quién sabe cuantos años se lo recuerdo. Y si puede (sólo si puede) no desperdicie el agua. Yo seguiré robándome la basura hasta que encuentre al dueño.
Ahí me di cuenta (o pude confirmar) la ignorancia de la población costarricense (o una muestra de ella). La tarde empezó mal, no habíamos pasado ni una hora recogiendo la basura que la gente iba dejando tirada en lo que ellos consideran basureros que para mi es un matorral, cuando ya un señor en son de burla decía: “Se están robando la basura”. ¿Desde cuando la basura se puede robar? ¿A quién le pertenece entonces para el próximo año pedirle permiso al dueño para tomarla? Me pareció un comentario estúpido. En ese momento no sólo el calor del sol iba calentando mi humor. Traté de tomarlo con tolerancia, pues 5 metros después una monja nos bendijo y nos agradeció lo que estábamos haciendo. Hay monjas buenas! La tarde fue terminando, y los romeros aumentaban, al igual que la basura. Hubo unos 2 basureros en los que las bolsas plásticas que contenían agua llegaban a mi estatura. Los chiquitos se devolvían al puesto de AyA a pedir más bolsas para tirarse entre sí. Señores, señoras, chiquitos, jóvenes, todos ellos participaron en decorar con basura las áreas verdes a la par de la carretera, y lo peor de todo era que habían basureros a pocos metros de distancia, y un centro de acopio a la par. Hace falta conciencia, cultura, conocimiento. Todavía peor de cómo quedó la carretera fueron las respuestas de los romeros ante los regaños que les hacíamos, mostraban una falta de respeto hacia el ambiente y hacia nosotros que no podía creer. “Payaso” dijo un señor, después de colaborar con el caos ambiental y ser sermoneado por un compañero. Hace falta conciencia, sí. ¿Pero cómo educar a los miles o millones que caminan? Ellos van por la Virgen, ella fue la madre de Jesús, Jesús el hijo de Dios, y Dios creó el mundo que poco a poco vamos destruyendo. ¡Y todavía van para que les den un milagro! Para mí es un ejemplo de hipocresía. Yo no soy religiosa, tampoco católica. Creo en un Dios y creo en el mundo. Pero las cosas no se arreglan solas, así a como no se destruyen solas. La negrita no va a salir a limpiarles las calles ni devolver a los ríos el agua que desperdiciaron en el fondo de un basurero por la cuesta de Ochomogo. El próximo año, cuando usted salga nuevamente hacia Cartago, el único día del año en que todas las panaderías siguen abiertas a las 10 de la noche y la pizzería de la esquina tiene las mesas llenas, ese primero de agosto, en el que la Basílica está a reventar y en la aceras de la provincia hay tiendas de campaña y al día siguiente las filas de los buses se aproximan a los 400 metros, ese día, acuérdese de esto, y bote la basura en el basurero. ¿No le da risa? Eso se lo decían cuando estaba en primer grado, y lo olvidó. Ahora que tienen quién sabe cuantos años se lo recuerdo. Y si puede (sólo si puede) no desperdicie el agua. Yo seguiré robándome la basura hasta que encuentre al dueño.
3 comentarios:
me encantó.
(también los paréntesis).
"un día con chicha"
testamento d jose pablo pecho hacia daninu: "mae es que no mae... me da chicha"
about me en hi5 de daninu: "soy suuper chichosa y me molestan muuuchas cosas. :) pero asi soy feliz.."
jajajajaja
=D
digo... p explicar un poco la razón d ser del post...!
Dani Excelente!!!!!
Que fuerza para escribir y para vivir!!!
El otro año recogemos más y con más vamos a pelear!!!
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