Está dedicado a los que
mientras lean esto sepan
que estoy hablando de ellos
mis amiguis :)
Las últimas noches me he quedado despierta con millones de frases caminando en mi cabeza, me imaginaba un cuento, un potencial de novela, una oración. Pero lo más difícil es siempre comenzar, vos lo sabés bien. Siempre lo repetías. He visto tantas cosas, y recordado muchas otras. La insignificancia de los detalles me podría de vos. ¿Por qué insignificantes? Estoy sentada a la derecha de La Chola, a tan solo media cuadra de los campesinos y a tres canciones alejada de vos. De repente toda la avenida se pone de acuerdo en caminar en una sola dirección. Muchos quieren uniformar las actitudes y vestir sombrillas negras para protegerse de la individualidad. Mientras tanto en el bus los muchachos competían x saber cuál era el más “hombre”, un asiento vacío, tres de pie, y yo riéndome. A pesar de todo te encantaba mi risa y mi libreta turquesa. Vos lo sabías. Yo no. Pero ahora sí. Aunque no del todo. Éramos tan diferentes. Yo con mi justicia, vos con tu libertad. Y siempre nos llevamos particularmente bien. No sé cuando empezó esta afición a escribirle a alguien que no necesariamente me quiere contestar. Nunca querías, no existías. Excepto aquél martes 9. Luego el jueves 12. Después un domingo 20. Hasta un 6 de febrero. Siempre excéntricas. Nadie nos entendía. A veces ni yo te entendía. Ni lo que escribías. ¿A quién estoy engañando si todos saben que nunca me gustó vocear? Espero que todavía recuerde aquella noche en que conocimos varios fantasmas y nos presentaron formalmente al Sr. Eco Maravilla. Aquella noche en un lugar que tenía algo de Monte y una noche color Negro… Yo creo que ya me entendió ¿no? Es lindo sentarse a recordar viejos amigos, aquellos momentos cuando éramos varios y nos unía un número una historia y un pasado. Sólo a algunos nos unió en presente... Y en muy pocas ocasiones el futuro. Y si, ahora estoy frente a un predicador de mentiras. Ya pasaron dos canciones. Sigo a media cuada de los campesinos. Y a mi izquierda está esta señora. Hoy vengo vestida de amarillo. Probablemente aquél arcoíris es usted. Por allá hay un malabarista con perros y estoy segura que el arcoíris es usted y viene dispuesta a invitarme a un café, a pesar de que toda la vida le he dicho que prefiero un chocolate, pero eso sí, terca y despistada fueron siempre cualidades suyas. ¿Qué puedo decir? Prefiero sentarme debajo del farolito, en la mesita en la que siempre he querido sentarme. Hacer aquel viaje a Europa que nunca hicimos y tratar de ver dos películas enteras en una noche. A nosotros que nos une la vida. A nosotros que nos distingue un destello un poco oscuro pero nuestro. A nosotros que siempre seguiremos siendo nosotros. Una mujer se acaba de poner de pie en el bus, quedan dos asientos vacíos, cuatro arriba, y yo riéndome. Y es que siempre le encantó mi risa y mi lápiz rosado. Le prometo que algún día voy a dejar de hablar de miriápodos. Le prometo que voy a encontrar aquella bacteria. Le prometo que los recordaré. A nosotros que seguiremos siendo siempre nosotros. A pesar del tiempo. A pesar de la distancia. ¿Y sabe (sabés) por qué? Por que vos (usted) sabés cómo termina este párrafo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario