En medio de estas tres paredes y medio blancas, con un ventanal traslúcido, le hablan de pH y piensa que lo único ácido en este cubo infinito es su estómago y el techo. Con esos fluorescentes. Con esas palabras tan complicadas que parecía que las habían inventado por inventarlas y no porque significaran algo en específico. Y se ríen con las palabras, y se burlan, e inventan más. Pero en este cubo, con este piso gris y este pupitre flotante sólo se piensa en otro cubo y en un rectángulo porque ya hay demasiados círculos, y no son cómodos para dormir. Y es que ¡estás tan cansado! Más que yo. Porque en este país que llaman cerebro ya hay demasiadas cosas, aunque nunca se vean, y que son invisibles, como mi fe.
Se sienta y escribe, sobre aquella piedra cubierta por líquenes crustáceos, bajo el árbol con flores rosadas. Y sus uñas verde con rojo se aferran al lápiz y al papel. Escribes cosas, tan relativas… Tan relativas como mi fe.
Seguimos aquí, tratando de resolver problemitas simples por diversión y (o) por obligación, como el cuento de los ombligos y aquella discusión tan apasionada. Porque lo más importante es la libertad, aquella que no tiene mucha gente. Aquella que para ellos no existe, como mi fe.
Pero eso aquí no importa, son demasiado teóricos como para que les importe. Lo experimental lo reservan a 2 horas a la semana, y tal vez un viaje cada 3 meses. Aquí no se predica nada más que concentraciones y taxonomía. Y nosotros somos como una plantita tropical en medio polo norte.
Yo, su amiga imaginaria, soy invisible. Vos, mi amigo imaginario, también. Por eso nos secamos con el frío de este cubo blanco con gris, nos tapamos la nariz, y nos confundimos en el tiempo.
Se sienta y escribe, sobre aquella piedra cubierta por líquenes crustáceos, bajo el árbol con flores rosadas. Y sus uñas verde con rojo se aferran al lápiz y al papel. Escribes cosas, tan relativas… Tan relativas como mi fe.
Seguimos aquí, tratando de resolver problemitas simples por diversión y (o) por obligación, como el cuento de los ombligos y aquella discusión tan apasionada. Porque lo más importante es la libertad, aquella que no tiene mucha gente. Aquella que para ellos no existe, como mi fe.
Pero eso aquí no importa, son demasiado teóricos como para que les importe. Lo experimental lo reservan a 2 horas a la semana, y tal vez un viaje cada 3 meses. Aquí no se predica nada más que concentraciones y taxonomía. Y nosotros somos como una plantita tropical en medio polo norte.
Yo, su amiga imaginaria, soy invisible. Vos, mi amigo imaginario, también. Por eso nos secamos con el frío de este cubo blanco con gris, nos tapamos la nariz, y nos confundimos en el tiempo.